Hay una historia muy interesante sobre
el Abejorro. No estoy seguro si sabes que, científicamente, es imposible que un
abejorro pueda volar, desde el punto de vista aerodinámico.
Basado en lo que se sabe de
aerodinámica, un objeto con la relación de tamaño de alas versus peso corporal,
como el del abejorro, no podría levantar el vuelo.
Así que si el abejorro escuchara toda
la evidencia científica y lo que los expertos dicen, y tomara en cuenta sus
limitaciones físicas, nunca volaría. Pero, más que nada, el abejorro quería
volar, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para lograrlo. Por lo tanto,
ignoró todo, se enfocó en su meta y empezó a batir sus alas pequeñas más y más
rápido, ¡hasta que al fin despegó del suelo!
En ese momento, alcanzó un nuevo
punto de referencia y ya no era imposible que el abejorro volara. En su caso la
ciencia resulto equivocada y la voluntad acérrima de este abejorro cambió las
reglas. El abejorro no se puso limitación alguna, más bien se dijo: “voy a
batir mis alas hasta que pueda volar.” Un abejorro tiene que sacudir sus alas
realmente 200 veces por segundo para poder volar. ¿Qué habría pasado si se
hubiera puesto un límite de 199? ¡Nada! Nunca hubiera despegado. Pero tan
pronto llegó a las 200 vibraciones, comenzó la diferencia entre la magia del
vuelo y la posibilidad del fracaso; esta diferencia resultó ser un solo batir
más de sus alas.
Cada uno de nosotros tiene su propio
ángulo de despegue, su punto de bifurcación, el momento en que vencemos a los
condicionamientos impuestos por la sociedad, nuestras familias, o nuestras
creencias que nos someten y nos boicotean el éxito. Cuando llegamos a ese
“punto clave” como dice Malcolm Gladwell, nos separamos del resto y empezamos a
cambiar la historia, nuestra historia familiar y personal, a ser reconocidos
como esos agentes de cambio que no se conformaron con lo que decía una
estadística o lo que decía la historia familiar, sino que nos convertimos en
una luz para el resto.
Aunque yo no les puedo decir dónde y
cuándo encontrarán ese punto, si les puedo asegurar que existe, y si tú estás
preparado para batir tus alas una vez más, entonces lo encontrarás y empezará
tu vuelo hacia la libertad.
Un abrazo,
Xavier